Los jóvenes peruanos se preparan para el boom de la construcción.

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La Ruta BBVA visita la Escuela Taller del Colca, donde se beca a 50 jóvenes de la zona para que aprendan un oficio: desde carpintero a cocinero, pasando por albañil o cantero.

Elvis Huaypuna Suyco descubrió que quería ser cocinero en casa, cuando empezó a ayudar a su mamá con la comida de los turistas. Los viernes por la tarde, al acabar las clases, Ruytor Pilares Huerca puede regresar a Maca en autobús, sin embargo prefiere hacer los 10 kilómetros en bicicleta. Mary Beth Flores Quispe quiere ser jefa de recepción en un hotel, pero a sus 18 años todavía no ha visitado Lima, la capital del Perú, su país. Los tres comparten varias características: pertenecen a la provincia de Caylloma, dentro del valle del Colca, y son jóvenes de familias con escasos recursos económicos. Forman parte de los 50 becados que componen la Escuela Taller del Colca, visitada por la mayoría de los «ruteros» del BBVA (mientras lo hacen unos pocos compañeros atacan la subida a la montaña Quebrada Quehuisa).

Elvis, Ruytor y Mary Beth realizan ahora una especie de Formación Profesional. Algo que en España hace el joven que quiere, y en Perú el que puede. Basta hablar un cuarto de hora con ellos para descubrir hacia donde va su país y qué es lo que quieren ellos. Dos realidades que pueden confluir. O no. En la actualidad, dicen que en el Perú se está viviendo un boom de la construcción. La apuesta por el ladrillo parece estar aún en una fase primaria, pues cuando se les cuenta que ese boom es la causa principal de la crisis en España, se sorprenden, no entienden nada. Al preguntárseles por cómo imaginan su futuro, cierran los ojos y se ven más como gatos que como ratones. Empleadores más que empleados. Por ejemplo, Ruytor sueña con tener una ferretería (piensa en el boom) y una auditoría arqueológica; Elvis, un restaurante de mariscos.

La Escuela Taller del Colca está ubicada en un vasto paraje cerca del distrito (pueblo) de Achoma. A sus alumnos les proporcionan alojamiento de lunes a viernes, manutención y unas prácticas en empresas para que completen su formación teórica. La escuela está subvencionada por la Aecid (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) y las instituciones locales peruanas, que tienen la meta de luchar contra la pobreza mediante el aprendizaje de un oficio. Los jóvenes de entre 16 y 25 años están dos años y pueden elegir entre cinco especialidades: cocina; servicios de restaurante, bar y atención a hoteles; albañilería y cantería; carpintería; e intervenciones arqueológicas. Cuando los alumnos terminan se consideran técnicos.

Ruytor tiene 24 años, aunque aparenta menos De estatura media y pelo negro, viste con zapatillas, vaqueros, chaleco y camisa. En realidad, es el uniforme de la escuela en su especialidad: intervenciones arqueológicas. Se expresa más bien como un profesor que como un alumno. Ruytor se excusa diciendo que aprendió «en la universidad de la vida» y que siempre «me he relacionado con personas mayores». Su mamá es analfabeta y su papá no terminó la secundaria. Los tres y un hermano más pequeño que Ruytor habitan en Maca una casa de adobe de una sola habitación. Cuenta con agua potable, luz y ya. En pleno siglo XXI, siguen cocinando con leña.

Cuando está en casa, a Ruytor le gusta ir al río Colca a pescar truchas. Por las posibilidades que le otorga, considera un privilegio la beca de la Escuela Taller. Antes de entrar en ella dice que trabajó como restaurador y en la albañilería, y estando en el colegio los amigos se juntaban por la tarde e iban a ayudar al padre que lo necesitara, aunque eso Ruytor no lo considera trabajo.

Los progenitores de Elvis también son agricultores, pero desde hace cuatro años tienen otra forma complementaria de ganarse la vida: el turismo. Viven en Yanque, en una casa de cuatro habitaciones, pese a que Elvis, sus padres y dos hermanos pequeños utilizan solo una como dormitorio. Las otras tres están reservadas para curiosos de todo el mundo que quieren experimentar cómo se vive en el valle del Colca. En Yanque, otras tres familias completan sus ingresos alquilando su propia casa. Por noche de alojamiento con desayuno han fijado un precio: 50 pesos (unos 17 euros).

Elvis tiene 20 años, es bajito, el pelo negro le hace un remolino y habla con las manos atrás, como si se estuviera examinando. Dice que lo que mejor cocina es el lomo salteado y el olluquito con charqui (una especie de cecina). Cuando está en Yanque, le gusta tocar el piano, la guitarra, leer libros de cocina y, sobre todo, ir con el grupo juvenil TPAX (Trabajar por Amor a Cristo). Es profundamente religioso y dice que en un momento dado sintió la llamada para hacerse cura, pero acabó llegando a la conclusión de que «Dios no quiere». A Elvis le gustaría formar una familia, tener una casa propia y el ya mencionado restaurante.

A Mary Beth le gusta «interactuar con la gente», de ahí que se pase las horas muertas con su madre en el modesto puesto que esta tiene en el mercado de Chivay. Vende un poco de todo, hasta las famosísimas hojas de coca a las que se agarran los turistas para combatir la altitud. Dice que en su pueblo hay «bonitas costumbres» y que en los últimos diez años ha crecido muchísimo al albor de aquellos que visitan el Cañón del Colca. También le gusta el inglés, un idioma que a sus 18 años está aprendiendo por primera vez en la escuela.

El Centro Escuela Taller Colca abrió sus puertas en 2009. Es uno de los cuatro que hay en el Perú (los otros tres están en Lima, Cuzco y Arequipa). Sin contar a los 50 becados actuales, en él se han formado 144 jóvenes. La Escuela Taller les hace un seguimiento después de que se licencien. En este momento, se tiene conocimiento de la situación de 119, de los cuales hay 89 trabajando, 17 estudiando y 13 en paro. Además, de esos 89 jóvenes que ahora tienen ingresos, 55 los obtienen en la provincia de Caylloma.

Fuente: ABC.es